La verdadera noche
oscura del alma es en la que uno se da cuenta de que los veinte años que lleva
consumiendo sustancias orgánicas para apropiárselas y hacer piel y huesos y
músculos débiles, no sirven para nada ni tienen ningún valor. Es como si llegara una carta de muy lejos, del espíritu
de uno, poniéndote al tanto de quién no eres, qué es lo que no tienes y, por
supuesto, lo que nunca llegarás a ser y tener y apropiar.
Habemos una
pequeñísima cantidad de pseudoletrados en esta ciudad (contrario a los
pseudointelectuales). Cuna de lo antiverdadero. Un pueblo tan lejos de todos
sus ídolos y tan cerca de esos mismos (la ignorancia). Un lugar a donde todo
llega de segunda mano. Es el reflejo de todo lo falso del mundo. Donde todos
opinan pero nadie dice nada. De donde todos se van pero nadie se va en
realidad. Donde todos regresan con la cola entre las patas y la autoestima
subida. Alojamiento de la basura y peste. Reciclado, vaciado, mendigo de almas. Tan antifuturista. Donde nada pasa y el mayor
orgullo es su feria de pueblo. Donde todo está aun relacionado y dado y
ofreciendo el culo por y a la religión. Todos pretenden. - No te oigo, ni siquiera poniéndote atención podría
saber qué es lo que me quieres decir de tu boca. –Que Aguascalientes
es como la zorra que se quería coger a Polífemo. –Ah. No, no sé. […] Todos se
conocen y tienen 300 amigos”. Los pseudointelectuales portan sus máscaras con
orgullo y se sientan a tomar un café y leer un libro de Coelho o algo peor (si
es que existe) en lugares como el codo, como si no tuvieran vergüenza alguna en
el alma. Las microsociedades tienen la bondad de no
mezclarse (demasiado) con otras, permitiendo un orden y una continuidad a las
buenas relaciones. El Aguascalentense promedio se cree superior a todo otro ser existente o, en su
defecto, no le importa lo que pueda creer o pensar por sí mismo. Incluso los
cánones de belleza (algo tan
preservado e inmutable entre todas las sociedades occidentalizadas) son en
algún grado diferentes en Aguascalientes. Un pueblo que trata de
huir de sus raíces con tantas ganas y adoptan cualquier conducta por más
detestable que sea con tal de escapar de esta realidad. Claro que luego se crea
una falsedad compleja a modo de sociedad y nada tiene sentido. Pero el
Aguascalientes intenta serlo todo, todo ya que no tiene identidad.
Ya no
encuentro nada de malo ni me duele saber que la vida es de por sí la
oportunidad más grande que tengo y que estar doliéndome por lo que nunca seré
no sirve de nada, pero esto es bajo una noción puramente mierdera, porque sé
que la vida no vale nada y por eso vale tanto. Voy a vivir lo que se me
presente, voy a buscar ser feliz no porque quiera serlo, sino porque estando
triste como mucho y subo de peso. Ahora sólo quiero escapar de este
lugar tan pronto como sea posible y como ahora tengo algo más que hacer junto
con quererte; no será tan interminable como pensaba. Además, habiendo
descubierto que somos tan pocos pseudoletrados en este lugar, no hay de que
preocuparse más.
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